La lucha por la cultura y la tierra en el Oriente




El documental titulado ‘Los últimos guardianes’ muestra los esfuerzos de las comunidades Sápara y Kichwa del Oriente ecuatoriano por preservar su cultura en un mundo cada vez más globalizado. También revela su prolongada resistencia contra la presencia de compañías petroleras que buscan por todos los medios operar en sus territorios.

Este mediometraje, dirigido por Joe Tucker y Adam Punzano, fue uno de los 25 filmes seleccionados como parte de la sección Cómo nos ven, cómo nos vemos en el Festival Encuentros del Otro Cine (EDOC), 2019.

De entrada, el documental ubica al espectador frente a una serie de sublimes paisajes selváticos que se corresponden con una idea fundamental dentro de la cosmovisión indígena. “El mundo sápara primero apareció en mundo espiritual y después en mundo material. Por eso no queremos perder ese contacto que tenemos con el mundo espiritual”, dice Manari Ushigua, presidente de la nación Sápara.

Sobre la base de esa premisa, el líder indígena explica la estrecha relación que existe entre el hombre y la naturaleza como partes de un mismo sistema en equilibrio.

“Tanto un árbol, un insecto, el agua y el espacio somos un ser más. Y en ese espacio nadie es más importante, el más sabio, el que sabe todo. Cada uno tiene su función. Esa es la forma en que nos ayuda a mantener el equilibrio de la naturaleza”.

La cámara es testigo de esa relación y va mostrando las formas de vida, costumbres, dialecto, creencias, transporte, alimentación, sistemas de trabajo y formas de organización de una comunidad.

Antes de la época de la colonia, esta comunidad tenía cerca de 200 000 habitantes y se hablaban 32 dialectos. El documental hace un repaso histórico sobre la explotación de recursos a través del esclavismo, enfermedades introducidas por los colonos y las guerras por límites políticos que diezmaron y dividieron a la nación a ambos lados de la frontera entre Ecuador y Perú.

Otra lucha es la que vive la comunidad Kichwa de Sarayaku por la defensa de su territorio en el que ya se evidencian los efectos de la contaminación ambiental por la explotación indiscriminada y negligente de los recursos naturales y que se contradice con ciertos discursos de marketing político, según explica Félix Santi, presidente de la comunidad Sarayaku. A través de la cámara, el contraste entre los terrenos y ríos contaminados de petróleo y la selva en conservación es evidente. El filme muestra el sincretismo entre la cultura sarayaku y occidental como parte de un proceso histórico de presencia y convivencia intercultural.

El filme reúne en una sola voz a mujeres y hombres, líderes espirituales y políticos cuyos testimonios dan forma a una declaración de principios sobre la protección de la selva como un patrimonio viviente o Kawsak Sacha, que se proyecta como la única forma de enfrentar los efectos del cambio climático.

El objetivo de los realizadores es el de hacer un llamado a la comunidad internacional sobre la prevención de la degradación ambiental.

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