La paz siempre será posible

La paz siempre será posible


Neverg Londoño Arias
Columnista

En Colombia la realidad supera la ficción. Basta una mirada desprevenida a los acontecimientos de la historia reciente para encontrar episodios propios del realismo fantástico: altos funcionarios del estado huyen de la justicia, otros la enfrentan, aceptan sus culpas y sus condenas. Jueces víctimas de sus fallas y sus fallos, huyen o aceptan los procesos. Otros buscan espacios de inmunidad. Los guerreros de algunos bandos son condenados por delitos diferentes a los de la guerra. Para concluir se reconoce que la justicia de muchos países del mundo tiene una subsede en Estados Unidos, caracterizada por su rigidez.

Los lugares de reclusión dependen del estrato del condenado, desde el hacinamiento en las penitenciarías del estado hasta autoconstrucciones, lujosas residencias, y cuarteles. Esto enseña que es posible tener a un recluso en condiciones dignas para facilitar su recuperación real y su reintegro en forma adecuada a la sociedad.

La última guerra en Colombia reporta siete millones de víctimas, desplazamientos, abandono de la tierra, desapariciones, masacres, una bien orquestada cadena de “críticas justas y calumnias”, la historia oculta y falseada, falsos positivos, falsas estadísticas, espionaje, conformación de grupos armados, manipulación de la ley, enfrentamientos armados y utilización de armamento sofisticado. “Violencia de múltiples actores y varias generaciones de existencia”*. Cincuenta años de zozobra: la guerra eterna de cada día.

Las negociaciones reunen a dos entidades en conflicto para llegar a acuerdos: “La paz no es una obra de héroes y titanes sino de hombres y mujeres imperfectos, luchando en tiempos difíciles por un resultado incierto”* (Oscar Arias).

Todas las guerras en Colombia tienen un comienzo y un final. La última guerra lleva a “una de las decisiones más importantes en dos siglos”*. Se realiza un proceso de paz y en más de una oportunidad se entra en crisis. Se cuestionan las negociaciones. Se estigmatizan los negociadores. La guerra toma otro escenario: votos contra balas.

Finalmente algunos actores no soportan la excesiva presión y deciden regresar a sus cuarteles. La siguiente parte de la guerra ha comenzado. Hay beneficios económicos y políticos para muchos y “el resultado es hoy más incierto que nunca y los tiempos parecen más difíciles para la paz de lo que eran cuando empezó el proceso”*.
La paz siempre es una posibilidad y representa la máxima aspiración de todos los colombianos. (*Citas: Humberto de la Calle: “Revelaciones al final de una guerra”).

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