Diana Manrique, líder de ciberseguridad. Mujeres en ciencia y tecnología – Novedades Tecnología – Tecnología




Diana Manrique (Bogotá)Diana es una madre decidida a ser el mejor ejemplo para su pequeña de 3 años. Creció en un barrio humilde de la capital y desde pequeña apoyó en la formación de sus hermanos. Con una fe firme y el ejemplo de su madre, que sacó adelante a sus siete hermanos, en la academia se ganó su lugar con rendimiento y avanzó en su educación gracias a múltiples becas y apoyándose en el trabajo. Después de finalizar su formación técnica y tecnológica, Diana se dedica al sector de la ciberseguridad, desde donde sueña con finalizar su pregrado profesional y continuar avanzando.

Diana Manrique vive en el mismo barrio en el que creció, en Santa Librada, Usme, al sur de la capital colombiana. Es una cristiana muy creyente y entregada a su familia, a quienes mantiene muy cerca. Vive en una casa muy cerca a la de su madre, una enfermera que sacó adelante a siete hijos como mujer cabeza de hogar y para la cual la crianza de sus pequeños nunca fue un obstáculo para estudiar. Ese ejemplo es el que trata de tener presente Diana para seguir sacando adelante su carrera en Ingeniería de Telecomunicaciones, mientras cría a una chiquita de 3 años.

“Mi madre tenía 7 hijos. Inicialmente trabajaba ayudando en las casas, colaborando en actividades varias, luego decidió estudiar enfermería, aún sin tener el apoyo de un esposo o de su familia, porque vivían en otra ciudad. Si a algo hemos llegado nosotros en la vida es gracias a ella. Es un ejemplo. Si ella pudo con siete, nosotros, que tenemos más oportunidades, tenemos que lograr más”, cuenta.

Vengo de una familia de no muy altos recursos… más bien de bajos recursos. Nos tocaba ganarnos la beca, para poder seguir estudiando

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Diana es la mayor de las hermanas y desde comienzos del 2019 es Jefe de análisis y gestión de vulnerabilidades y es parte del ‘equipo rojo’ de respuestas de intrusión en O4it, una firma de ciberseguridad en la que trabaja desde hace 5 años. Además, es una de las mujeres que ganó el CiberWomen Hacker Challenge 2019, organizado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y la Comunicación (MinTIC). Su camino hacia una vida entre computadores inició con una pasión por las matemáticas y un esfuerzo continuo.

Estudió en el Colegio Los Tejares. Aunque se trataba de un colegio público, cuenta que en su época, para poder inscribirse año a año, le tocaba ubicarse en el primer puesto y ganarse la beca de honor porque no podía pagar cuotas. “Vengo de una familia de no muy altos recursos… más bien de bajos recursos. Nos tocaba ganarnos esa beca, para poder seguir estudiando”, asegura.

Era fanática del álgebra de Baldor, “durante octavo y noveno de bachillerato mis onces eran patrocinadas por mis compañeros. Podríamos preguntarles y no podrían negar que fui de las mejores”, cuenta sonriente. Diana vendía trabajos de matemáticas en su colegio por 5.000 pesos, lo que, 12 años atrás, ahorraba pacientemente y luego destinaba para ayudar en su casa, y, de vez en cuando comprarse algunas “cosas de chicas”. Además de pan, huevos o leche, compraba algunos marcadores, agendas, “moñas y caimanes”.

Un profesor se dio cuenta de que estaba vendiendo tareas, pero no la reprendió, le decía que la mejor forma de aprender era practicando. Todas las tardes, infaltablemente, las dedicaba a resolver problemas y ayudar a sus compañeros con las recuperaciones.

Trabajó desde muy joven, estuvo en canchas de fútbol, cafeterías y en algunos eventos. Pero le agradece a su madre ese interés por la educación. A sus 18 años, cuando su buen puntaje del ICFES le garantizó un cupo en la Universidad Distrital, Diana se enfrentó a una realidad desafiante: “Algunos graduados salen de los colegios muy preparados. Yo apenas salí como una bachiller académica, mientras otros salían con bases en sistemas o contabilidad. Cuando te enfrentas a estos temas por primera vez, algunos profesores no te tienen tanta fe. Lo unen a uno con otros hombres para ver si aprende y saca algo de allí”, recuerda.

El mayor reto es romper con ese pensamiento de que venimos de un barrio de estrato bajo y que lo máximo que puedes llegar a ser no es tan grande

Más allá de la ‘vida que tocó’

Diana es una mujer de tez blanca, cabello liso y ojos verdes con visos miel. Tiene una mirada curiosa y una voz suave. Mientras sus compañeros de estudio vivían en fiestas, ella se dedicaba a los números, a los cuadernos y a las tareas. Hoy, con 29 años, el mayor reto que ha vivido es romper “ese pensamiento de que venimos de un barrio de estrato bajo y que lo máximo que puedes llegar a ser no es tan grande”.

En algunos espacios y fines de semana Diana comparte con jóvenes de su comunidad en la iglesia para contarles sobre su vida y busca animar a las chicas a soñar en grande en un ambiente en el que pueden llegar a creer que su destino está decidido “por que esa es la vida que les tocó”.

“Donde vivo – Dice Diana – las chicas normalmente quedan embarazadas muy jóvenes, no siguen estudiando y ahí ves la brecha. En las clases en la iglesia, les digo que traten de estudiar y no conseguir novios tan rápido, pero que si llegan a quedar embarazadas, no importa: que sigan y no dejen esos sueños”.

Cuando tenía 18 entró a estudiar Ingeniería Electrónica en la Universidad Distrital. No pudo continuar porque tuvo un accidente y decidió suspender sus estudios. Para cuando cumplió 21, la vida le entregó la oportunidad de hacer su primer curso en el Sena y también le presentó al amor de su vida, que asistía a su misma iglesia. Diana tomó dos decisiones: casarse, tras 8 meses de noviazgo – aunque muchos creyeran que era demasiado pronto – y seguir estudiando en esa institución una tecnología en diseño, implementación y mantenimiento en sistemas de telecomunicaciones.

Recuerda que la presencia femenina era muy escasa: “Siempre hemos sido pocas mujeres, cuando he estudiado, los hombres han podido ser hasta 10 veces más que nosotras… unas 4 o 5 mujeres entre 40 o 50 hombres”.

En junio de este año, Diana Manrique fue una de las ganadoras del CiberWomen Hacker Challenge. Como parte del premio, saldrá del país por primera vez para conocer Miami y poner en práctica el inglés. 

Después de terminar esa formación, para sus prácticas empresariales, Diana fue contratada en la firma para la que aún trabaja.

Le da pena recordar su primera entrevista de trabajo. Su jefe le preguntó a la que en ese entonces era una niña muy tímida pero con mucho entusiasmo: ¿sabes de seguridad?. “Yo quería que me contrataran como fuera, para aprender y hacer mi prácticas. – relata Diana – Le dije: No, pero soy una persona que si usted me pone a aprender, lo hago. Si me enseña cómo instalar cámaras, yo se las instalo”. Hace una breve pausa para reírse con algo de nervios y remata diciendo: “para mí, eso era seguridad, las cámaras”.

“Él no me corrigió. No sé qué vio en mí, pero me contrató y aquí vamos”, cree que la clave fue no temer a decir un no sé. “Puede que no sepa, pero voy a averiguar, a preguntar y voy a hacer todo lo posible para regresar con una respuesta”, explica.

Ese empeño la caracteriza. A los 25 años, cuando ya había empezado a trabajar, se enteró de que estaba embarazada. No lo esperaba. Cuenta, incluso que realizó varias pruebas hasta que lo confirmó. “Cuando no había duda, deseé ver a mi bebé y poder cuidarla con todo el corazón”, narra. Pero no era fácil, tenía que seguir con sus estudios, así la animaban su madre, su esposo y su jefe.

Siempre ha sido autodidacta, por eso optó por la educación a distancia en la UNAD, que le permitía manejar su tiempo y pasar un poco más de tiempo con su recién nacida. Diana tuvo que tomarse un semestre para cuidarse en el postparto y dedicarse a la lactancia, pero cuenta que para ella era urgente su regreso a las aulas. “Retomé porque necesito ser ingeniera pronto”, dice y agrega que quiere graduarse antes de que su hija empiece a hacer tareas para poder dedicarse a ayudarla a ella y no a hacer trabajos universitarios propios.

Pronto supe que si no podía dominar esos conocimientos no podría seguir adelante. Cada vez que me sacaba canas, yo decía: debo aprender, no me importa.

La maternidad, un reto en el mundo del trabajo.

Existe una anécdota familiar. De los tiempos en los que Diana estaba en el jardín infantil, o en ése entonces grado 0, que quedó evidenciada en un boletín escolar. Tiene una anotación de su profesora: “Es excelente en geometría, pero se le olvida el nombre del triángulo”. Diana lo recuerda entre risas y comenta que cada vez que su hija estudia las formas y reconoce la figura, su esposo, Jhon, le dice: “¡Muy bien! Ya superaste a tu mamá”.

Pero coordinar el estudio y el mundo laboral con el cuidado de su pequeña no ha sido sencillo. Aunque se apoya en su familia, los horarios de trabajo y las distancias no les permitían compartir con ella como querían.

“Llegó un momento en el que ambos trabajamos mucho. Salíamos a las 4:30 o 5 de la mañana y llegábamos a las 10 u 11 de la noche”. Admite con un poco de pena que ante esa ausencia, la niña llegó a decirle mamá a su abuela.

En medio de la frustración, Diana dice que en algún punto fueron conscientes de que entre horarios, turnos y ocupaciones no estaban disfrutando de las etapas de la niña “¿Qué estábamos haciendo? Los dos luchábamos por esa persona, por su futuro, pero no estábamos con ella”, replica.

Diana reconoce a su esposo, aparte de Dios y de su madre, como una figura clave para su éxito. Jhon es músico, lo que los unió en un principio, y psicólogo, algo que para ella es un complemento ideal. “Nuestros saberes son totalmente contrarios, pero siempre he dicho que lo que hace él es mucho más difícil. Él trabaja con chicos internados o habitantes de calle, yo con máquinas, servicios, redes. Si yo me daño un servidor o un computador pues se reemplaza o se reinicia; en cambio, si él no hace su trabajo bien puede afectar a uno de esos jóvenes y se puede perder una vida”.

Tras meses de turnos extenuantes, fue él quien decidió dedicarse a la crianza de su hija y a cumplir sueños en el mundo de la música.

“Lo que yo espero para mi hija es darle ejemplo. No digo que las mujeres que no se hayan graduado no sean un ejemplo, porque a todas nos tocan vidas diferentes. Quiero que mi hija llegue mucho más allá de lo que yo pueda llegar. Que vea que puede estudiar. Ahora hay muchas más oportunidades que las que tuvimos nosotras, nuestras mamás o las mujeres en el pasado”.

Del aprendizaje a una nueva vocación

Diana se define como una mujer perseverante. Su pasión por la ingeniería y la seguridad empezó cuando ese conocimiento le estaba ‘sacando canas’.

“En la seguridad informática, hay que interactuar con sistemas y códigos en una consola con una pantalla negra. Pronto supe que si no podía dominar esos conocimientos no podría seguir adelante. Cada vez que me sacaba canas, yo decía: tengo que aprender, no me importa. Entre más canas me sacaba más quería estar aprendiendo y ver que si podía”, narra.

Después de pasar por varios niveles educativos, cree que de forma constante las mujeres están obligadas a demostrar que son buenas . “Me ayudó mucho el impetú de querer aprender”. Este año saldrá por primera vez al extranjero y estrenará el inglés, que ha estudiado gracias a algunas becas, en una visita a Miami, EE. UU., que hará con el grupo ganador del reto de ciberseguridad del MinTIC.

Una de sus principales motivaciones siempre fue demostrarle a sus compañeros hombres que podía aprender, en especial si ellos no querían explicarle. “No hay muchas mujeres en esto, yo aprendía viéndolos a ellos. Me decía a mí misma, quiero llegar a eso, siendo mujer y mostrarles que también podemos”, agrega.

Además de su trabajo, como voluntaria en los fines de semana Diana Manrique da clases de ciberseguridad básica. 

Tiene más planes de estudio. Terminar su pregrado profesional es solo un primer paso. “Quiero realizar una maestría e incluso empezar a enseñar”.

Como experta en el mundo de la seguridad informática, al hablar de claves fuertes, datos y amenazas como el ‘phishing‘, es común que la tomen por paranóica, pero aunque reconocen que no entienden lo que hace, su familia y sus vecinos se enorgullecen de sus éxitos.

Cuando salió en el periódico por primera vez, tras haber ganado el reto de seguridad de MinTIC, algunas de sus estudiantes mostraban los recortes de papel mientras se jactaban de conocerla. Aprovechando esa imagen, Diana ha optado por recomendarles su área de estudio y contarles sobre el mundo de la ciberseguridad, “podrá no ser mucho, pero las personas pueden no saber pautas básicas como generar una clave segura o validar la autenticidad de una página”.

Cree que la enseñanza es una nueva vocación en desarrollo. “Quiero servir, ayudar a las personas y extender mi fe y el conocimiento de seguridad a otras personas”, apunta.

Esa exposición la llevó de ser una mujer tímida, que escasamente hablaba con su jefe, a liderar un grupo de jóvenes en su comunidad que la escucha con ojos curiosos y esperanzados. “La mejor forma de aprender es enseñar. Me gusta, me encanta la seguridad informática y quiero que las personas la vean como yo la veo, no como la paranóica sino como una pasión real”.

LINDA PATIÑO CÁRDENAS
REDACCIÓN TECNÓSFERA@LinndaPC

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