La máchica tiene su ruta experimental en la ciudad de Latacunga




Un recorrido a través de la herencia cultural latacungueña en la elaboración de harina es una propuesta que se ha puesto de moda en el barrio Brazales, ubicado al costado occidental de la capital cotopaxense.

El proyecto denominado la Ruta de la Máchica está liderado por Freddy Molina, quien aprovechó una casa de 66 años de antigüedad que heredó de su abuelo, Enrique Corrales. Junto a su madre, Rosa Corrales, y su amiga chef, Silvana Álvarez, diseñaron un recorrido que dura más de dos horas.  En este se aborda el proceso de sembrado de la cebada, cosecha, tostado de la gramínea hasta llegar a los molinos para convertirse en harina de máchica.

“Los barrios Brazales y San Felipe fueron famosos entre los años de 1950 y 1970 por su producción de máchica. Solo en Brazales funcionaban 25 tiestos hace 70 años, de los cuales apenas sobreviven cuatro, pero solo tres aún producimos”, reseña Molina. La mayoría de esos molinos eran accionados por la caída del agua de los ríos Cutuchi, Yanayacu y Pumacunchi.

La casa donde se desarrolla este recorrido guarda mucha historia. Su construcción tiene una base de piedra pómez y adobe. Bajo el techo de carrizo se hace el tostado del grano de cebada en un tiesto metálico de 1,20 m de diámetro, que reemplazó al tiesto de barro que sirvió por años a la casa.

Su mayor tesoro es un molino de fabricación danesa que fue traído al país en 1967. Para hacer mantenimiento a ese sistema, los dueños tienen que limpiar pieza por pieza, pues esa fábrica ya no existe. “No hay ni rastros en Internet de esa empresa. El caso de este molino es similar al del marcador electrónico del estadio Atahualpa, de fabricación húngara”, comenta Molina.

La gramínea tostada es enviada al molino. Foto: cortesía.

Durante el recorrido también se explica el origen de la palabra ‘mashca’, un término con la cual se identifica a los nacidos en Latacunga. Esa palabra surgió en la década de 1950, cuando los mercaderes de San Roque en Quito los bautizaron como ‘mash­queros’ por transportar máchica. Ese termino, que con los años se convirtió en un sinó­nimo de los latacungueños, para Molina ahora es un motivo de orgullo.

Esta ruta sirve además para conocer técnicas de sembrado de la cebada, las variedades de esta gramínea que se produce en el país, cuando demora el grano hasta su cosecha y procesamiento, además de la connotación andina de árboles nativos como el de quishuar.

Antes de la degustación de productos que se elaboran a base de máchica, como licor, colada, coctel, galletas, helados, cerveza artesanal, mousse, entre otros; los turistas son invitados a practicar juegos tradicionales, como trompos, canicas, rayuela y planchas.

El costo de este recorrido es de USD 8 e incluye la degustación de más de 10 productos elaborados con máchica.

Durante el primer año de implementación del proyecto, ya ha recibido a turistas de EE.UU., Francia y Alemania. Los visitantes nacionales que más acuden a este emprendimiento cotopaxense, provienen de las ciudades de Ambato, Quito y Guayaquil.

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