La elaboración de artesanías une a una familia de Chordeleg, en Azuay




Fernando Loja y Rosa Guzmán lucharon y lograron que su vocación artística no muera con ellos. Sus hijos Ismael, de 28, y Fernanda, de 27, siguieron su legado en la elaboración de piezas de cerámica en miniatura, en el cantón Chordeleg.

Ellos conforman la única familia de Azuay que se han dedicado al arte de crear figuras indigenistas, de entre 1 y 4 centímetros de alto. Las piezas rescatan la riqueza de las c­ostumbres y tradiciones de todas las etnias y de los pueblos del Ecuador.

La alfarería se volvió una herencia familiar. Ismael y Fernanda se convirtieron en la tercera generación dedicada a esta actividad. Sus abuelos y padres empezaron con la fabricación de ollas, platos, jarrones y macetas. Este oficio fue su principal sustento.

Ismael contó que sus padres incursionaron en las figuras humanas en miniatura hace 24 años, por dos razones: la primera, a decir de ellos, fue porque los extranjeros valoraron las piezas que reflejan tradición e identidad; y la segunda, porque quisieron mostrar la riqueza cultural del Ecuador.

El taller-galería está en la comunidad de Chaurizhín, a dos minutos de Chordeleg. Ellos crecieron en ese ambiente -­entre barro, pinceles, pinturas y telas- y aprendieron a trabajar la materia prima y moldear a mano de los objetos.

Al igual que sus padres, las primeras piezas de los jóvenes fueron las cholas cuencanas, campesinos cargando leña, cañarenses que hilan, vendedoras de flores o frutas, bandas de pueblo, baile del Tucumán, mayorales, entre otros.

Pero ya de adultos innovaron e impusieron su marca propia denominada Kapchiy, término kichwa que quiere decir “siguiendo el legado”. Bajo ese sello hacen piezas y cuadros en tercera dimensión y joyas en oro y plata, con apliques diminutos de cerámica.

En este tiempo han mantenido la línea cultural y los mismos materiales que creen son los óptimos por el bajo impacto ecológico y maleabilidad. Así lo comentó Ismael, quien con obras únicas ha participado en concursos y ferias del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares.

Su trabajo empieza con la preparación de la materia prima. La tierra llega de las montañas de la parroquia La Unión, del mismo cantón, y el caolín de Azogues. A esa base -dura como piedra- le retira las impurezas y la deja en remojo un día, para que se afloje.

Entonces le agrega el caolín y amasa hasta que quede una textura lisa. Finalmente cubre el barro con un plástico para mantener su elasticidad. Con esa arcilla crea las obras que salen de su imaginación, de lo que ve en las expresiones populares y en la cotidianidad.

En las obras de Ismael y Fernanda hay habilidad, inspiración, deseos de transmitir algo nuevo, originalidad e identidad. Exploran propuestas y combinaciones de otros campos como arquitectura, diseño de indumentaria y mobiliario.

Casi todas las piezas son únicas, porque no usan moldes. Fernanda es docente y en las tardes da rienda suelta a su imaginación. Ella hace máscaras de las fiestas tradicionales, como la Diablada de Píllaro, el Diablo Huma, los danzantes de Pujilí, entre otros.

Esa pluralidad, actitud persistente y amor por el trabajo han hecho que ambos sean reconocidas y valoradas.

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