El artista machaleño Danny Narváez usa el plástico como pintura




En el universo distópico que propone Danny Narváez en sus pinturas, el plástico y la contaminación ganan la pelea y lo corroen todo. El plástico reciclado derretido, como una brea, cubre a personajes y a paisajes en una evocación de algo que fue bello y que, entre las paredes blancas de una sala de museo, resulta inquietante.

“Las obras son como portales o ventanas que nos dan una especie de avance sobre los diferentes escenarios que pueden existir en medio de una catástrofe medioambiental”, dice el machaleño de 34 años.

Narváez expone una decena de pinturas trabajadas con plástico diluido, óleo y pintura acrílica sobre lona, en el Museo Nahím Isaías de Guayaquil, muestra que lleva por título ‘Fantasías descartables’, pero que podrían ser también ‘fantasmales’. “El blanco y negro imprimen esa poética, un tinte narrativo de tristeza, con una técnica que si te acercas son puras manchas”, dice.

El artista comenzó a experimentar con la técnica hace 10 años y ha visto, a lo largo de ese lapso, cómo el tema de la contaminación por plástico se ha vuelto más notorio. “En un inicio los planteé más como universos alternativos; ahora vemos cómo estas realidades están siendo en verdad desechadas, atacadas, invadidas”.

‘17h30 Tempus Fugit’ conjuga, como las obras del artista, el uso de plástico derretido, óleo y pintura. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

En Cáustico, una de las obras, cuatro niños -en ronda- juegan en medio de un maizal donde los tallos han sido segados. La sombra de un árbol a la derecha y al fondo las montañas de la ciudad de Loja completan la escena.

Son tres registros fotográficos de lugares diferentes los que están “rearmados como una sola construcción” en la pintura, un procedimiento que al artista aplica a toda su obra. Cáustico fue exhibida en el 2018 como parte de las obras finalistas del Salón de Julio, certamen de pintura del Museo Municipal de Guayaquil.

Las obras con polímeros (materiales plásticos) reciclados de Narváez han sido seleccionadas de forma consecutiva entre las finalistas del Salón juliano desde el 2012, año en que obtuvo además el tercer premio del certamen.

La técnica consiste en disolver con pistola de calor los polímeros más suaves, como el plástico reciclado de fundas y sorbetes, sin quemarlos, para aplicarlos en una lona tratada con resina. “El plástico arroja diferentes tonos oscuros sobre la tela, como un gran mapa, que luego pinto de negro y se aplican las manchas blancas”.

En 17h30 Tempus Fugit, que presenta la escena central de madre e hija en una hamaca, se rompen los dos tonos para incorporar colores piel, verdes, celestes con el plástico adherido a ellos como un engrudo. Otras escenas se centran en indígenas nativos, como guardianes de selvas y bosques.

Hernán Pacurucu, curador de la muestra, destaca “la materialidad como elemento punzante” y el desarrollo de la técnica ‘plásdil’ (plástico diluido), que aprovecha el desecho contaminante para producir una suerte de pigmento. “El artista consolida una manera responsable del uso de los elementos contaminantes ante la presencia de la era posnatural, que plantea un cosmos colapsado, donde el amo y señor se convierte en el polímero sintético”, apunta el curador.

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