Interpretaciones aleatorias a la poética de Silvia Martínez Coronel

Interpretaciones aleatorias a la poética de Silvia Martínez Coronel


Leonardo Fabio Marín*

Una noche en el Café Dante en Montevideo fui a leer poemas con escritores de muchos lugares. Por supuesto, me asombró la ciudad, la noche, la poesía y una escritora en particular: Silvia Martínez Coronel. Asume Barbero que en las ciudades existen unas transformaciones de la sensibilidad y se dan por lo tanto, nuevos escenarios de comunicación. Es decir, la ciudad contemporánea tiene, poéticamente hablando, otros miramientos desde el nuevo universo que viene instaurándose en sus calles. Ya no hay en poesía, una sola perspectiva ni una sola tendencia escritural.

Nos dice que “nuestras ciudades son hoy el ambiguo, enigmático escenario de algo no representable ni desde la diferencia excluyente y excluida de lo autóctono ni desde la inclusión uniformante y disolvente de lo moderno”. (2013:1). Porque la ciudad, sin discusión, se ha convertido en una indisoluble capa de múltiples dimensiones existenciales. Muchas de ellas complementarias, otras opuestas, algunas coherentes con el sentido de la vida urbana, y un tanto más, totalmente ajenas a la realidad del ser humano social y citadino.

Quiero referirme, particularmente a Montevideo, una ciudad que es, por así decir, el punto concéntrico de una serie de hechos que la van caracterizando como eje de la expresión literaria de nuestra enigmática América del Sur. Nos marca de entrada, su urbanización arquitectónica, su agitada vida laboral, sus múltiples expresiones culturales, el arraigo, el desarraigo y la materialización continua en textos de bastantes creencias religiosas, expresiones musicales y modos muy particulares de ser en ese hermoso paisaje de barrios tradicionales, cafés, museos, parques y edificaciones.

En ese ámbito citadino escribe sus poemas Silvia Martínez Coronel, en una ciudad contemporánea con sus versos que van comunicando una serie de redes invisibles que atañen a un mundo real, familiar, femenino influenciado también por autores y una realidad atenuante del nuevo modo de ser de la poesía en América Latina. Sentimos al leer sus poemas como si hubiéramos pasado del ruido de las cosas simples al silencio de las miradas y las metáforas que están por todas partes en la casa, en las calles, en los andenes, en el ómnibus. Comienzan sus palabras a depurar en versos categóricos el mundo de lo íntimo, de lo privado, de lo triste y recordado, de las formas de vivir y sentir la nostalgia con el poema, de vivir y sentir su identidad, sus relaciones, sus imaginarios. El poema como asunto familiar, como vínculo con todos, como rito que culmina en la lectura. Como unión con los otros, con los demás con ella misma.

Montevideo, su ciudad, debe habituarse a ese modo de ser de sus versos, de sus ideas, de sus sueños. Silvia es ante todo, verso y poema, y Parto en el Agua es un poemario de gran atractivo literario. De él hacemos esta muestra para todos los amables lectores de Las Artes.
*Magíster en literatura, escritor e investigador literario.

 

 

DESVERANO
Gusano que caes del cielo, te vistes de gris
te clavas en mi osamenta, en la herida que sangra
y vomitas frío
cielo sin puentes, vida sin recuerdos
bogar en la ausencia del día siniestro
los cables se balancean, ropa que se enreda
en la cuerda aprieta cuello
cordel afilado
cielo marchito
alma que no entiende
su dolor antiguo
de plaza sin gente
de soledad sin nadie
de muda caricia acuchillada.

24 AHORA MENOS

Tengo el llanto apretado en un rincón antiguo de mi / alma
es un llanto que nada en agua de tormenta, puños / cerrados,
desamparo
Hoy el cielo se ha puesto su traje de fiesta
pero aún la paz no se digna a pasar por mi garganta
huellas de otros tiempos, renovadas en nuevas pisadas
rayos que queman mi memoria
silencio lleno de truenos
apagones/silencio
sombras en la pared con formas de animales
más silencio
alma bajo los zapatos
más silencio
relámpagos perforando mi esternón
olor a miedo
autoconsuelo con canciones de la escuela
que no lograban el deseado efecto
mi pequeño cuerpo rodeado de fantasmas
sordos, mudos, ciegos
Anoche me acurruqué en mi cama
quise entrar en un vientre ajeno
pero sé bien que si antes no fue posible
ahora menos

NADA
Nada, rayos de sombra que explotan en la sangre
Nada, lunas descolocadas sin luz, sedientas de hambre
Nada, aquel grito en la noche, aquel silencio en el día
Telarañas que colgaban de cada rincón de la agonía
Los pasos en la escalera sorda y sin escalones
Los hijos de nadie, de sí mismos madres
Dagas voladoras quebrando huesos
Constantemente el alma en el trapecio
Tragar con lava lágrimas de vidrio molido
Aquel frío desierto
-La mesa está servida
Silencio

LUNES

Dejar reposar el llanto hasta que sea sonrisa
no les da igual a mis manos tocar hierba
que lluvia enmohecida
pero saben esperar otro golpe de dados

de mar vino vestida la mañana
no nadaré
los recuerdos me han amputado brazos y piernas
el olor a jazmines me trae el de duraznos
oh infancia entre la soledad de aromas frutales
era pequeña y le temía al atardecer
mi cabello desordenado sabía de luciérnagas sin luz
y de murciélagos llenos de brisa
mi alma descalza hablaba con el viento

en mi habitación crece mi sueño bálsamo de dioses
hoy sin hoy seré sabia y no buscaré preguntas
me quedaré al costado del círculo
a ver cómo los gusanos reptan hacia nuestros ojos / dormidos
festejaré la fiesta a la que no he ido

trompos marchitos hacen del norte una palabra sin / sentido
me recuesto en el aire
no he venido
deshojo margaritas sólo por deshojar margaritas

el agua sólo calma la sed por un rato
y hay océanos de silencio que arrancan los peces de / su sitio
me alejo de esta hora sin tiempo
de este lugar sin espacio
siga el mundo girando si gira
que yo mientras contaré los lunares de mi hombro
/ izquierdo que puede ser el derecho
es que vivo en un espejo que olvidó mi imagen

dicen que es domingo, pero podría ser martes
pero dicen tantas cosas llenas de larvas
y de no larvas la ley de gravedad marca mi destino
por eso estoy grave de espejismos
por eso me suena extraña la geometría
miro la escuadra, la regla, el semicírculo
y mi alma se da una vuelta por el cuento de las
/ habichuelas mágicas
no sé de trajes y maquillaje
basta con tanta piel acumulada
huesos llenos de miedo y de nostalgia.

enmocoa

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