Lectura del Santo Evangelio según San Juan (3, 16-18) La Santísima Trinidad

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (3, 16-18) La Santísima Trinidad


Dios envió a su hijo para que el mundo se salve por él
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
“Palabra del Señor”

REFLEXIÓN
Un excobrador de tributos, amigo de Jesús escribe en lengua siríaca la historia del Maestro. En Éfeso y en Antioquia, los discípulos de Juan Evangelista recogen sus escritos y añaden de su cuenta comentarios e interpretaciones. Orígenes pone al servicio de la fe toda la ciencia y la filosofía de los griegos. Los predicadores se esfuerzan en encontrar la palabra exacta, el lenguaje adecuado, para enseñar al pueblo los misterios de Dios.

De pronto hallamos que, en la comunidad cristiana, se habla de Trinidad. Trescientos dieciocho Padres se reúnen en Nicea el año 325. Aparece un largo símbolo, atribuido a San Atanasio, donde se explica la naturaleza y las funciones de las Tres Divinas Personas. Se enfrentan diversos grupos de creyentes. Algunos son tachados de herejes por emplear un adjetivo, por no añadir una conjunción.

Después de esto, muchos nos quedamos con un misterio frío y filosófico: Un Dios en Tres Personas, una teoría de Dios, que no convence al corazón. Sin embargo, detrás de la palabra Trinidad, se esconde todo el misterio de Dios que Cristo vino a revelarnos. Su intención era mostrar ese misterio, no en cuanto tiene de inaccesible, sino en cuanto somos capaces de entenderlo. Por eso nos trae su experiencia de Dios, pero la vive entre nosotros de una manera completamente humana y asequible.

Nos ayuda a entender a un Dios Padre, en la semilla que germina en el surco, en la levadura que fermenta la masa, en el Pastor Bueno que busca la oveja extraviada, en el padre que espera todos los días a su hijo ausente y reprende con mansedumbre al presumido hijo mayor. Cristo nos revela a un Dios Hijo, Redentor y Salvador: Lo explica a Nicodemo diciéndole que Él ha venido al mundo, para que cuantos crean en El tengan la vida eterna. Nos lo enseña cuando multiplica los panes, da vista a los ciegos, limpia leprosos, resucita muertos. Cuando se acerca a los publicanos y pecadoras, sin miedo de contaminarse. Cuando repite que nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos. Cristo nos motiva a entender a Dios, Luz, Verdad, Fuerza, Espíritu: Cuando explica a la mujer de Samaria otra manera de creer más limpia y sincera.

Cuando cambia el corazón de Zaqueo, o revela en las Bienaventuranzas la fórmula de la felicidad. Cuando, con paciente pedagogía, resume a los apóstoles los puntos claves de su doctrina. Cuando envía a sus amigos a predicar, por todos los confines de la tierra. Cristo vino a enseñarnos a encontrar a Dios desde el andamiaje de nuestra humanidad, apoyándonos sobre nuestro escaso entendimiento, sobre nuestro amor contagiado de egoísmo. Basta abrir el postigo de nuestra ventana y aceptar el torrente de luz que viene de lo alto.

enmocoa

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