Un contrato social sostenible | El Comercio

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Los titulares de los medios de comunicación han sido claros en estas semanas: la pandemia nos ha puesto frente a frente a una crisis. Y si analizamos detenidamente esta palabra, nos encontramos con un término que en griego hace alusión a separar, a decidir en medio de un momento crucial.

Las crisis, como las veían los griegos, eran esos instantes de profundo análisis y de toma de decisiones producto de una intensa reflexión. Y en esta crisis económica, sanitaria y social que ha impuesto la pandemia, la conservacionista Yolanda Kakabadse propone que es momento de que la gente despierte hacia un renacimiento personal y colectivo, que implique cambios radicales en la manera de comportarnos como individuos y como sociedad.

¿Qué implica este renacimiento en medio de la actual pandemia?

Estamos en un momento en el que hemos aprendido varias lecciones. Entre esas está el reconocimiento de que América Latina atraviesa una crisis enorme. No creo que debemos enfrentar cada una de las partes de la crisis por separado, sino como un proceso que integra varios factores. Por eso lo llamamos el renacimiento porque hay que tratar como un todo a lo institucional, lo económico, lo ambiental y lo social. Es una integración de los distintos factores con la visión de un futuro diferente, de un futuro mejor en el que no se cometan los mismos errores del pasado.

En este renacimiento, ¿qué debemos tomar en cuenta como sociedad para cambiar, para dar ese paso hacia una nueva etapa?

Esta nueva etapa implica trabajo desde lo individual hasta lo grupal, desde la nación hasta el continente. Son cambios profundos en nuestro comportamiento individual, por ejemplo, frente al consumo. Nos hemos convertido en una sociedad consumista y muy destructiva, que es completamente irracional y que no toma en cuenta la importancia del futuro inmediato y del futuro del mediano y largo plazo.

Por ejemplo en el tema de la alimentación, consumimos y desperdiciamos de una manera que no es ética y, además, que no es económicamente viable ni sostenible para el planeta. En este momento desperdiciamos una tercera parte de los alimentos que producimos. Y eso no puede ser, porque simplemente reconocemos que hay gente que muere de hambre y se va a dormir sin comer. Nosotros deberíamos pensar en cómo ser más eficientes en el uso y en la distri­bución de alimentos, para que no haya desperdicio.

Entonces nos falta esa conciencia social.

El individuo debería ser mucho más coherente con lo que necesita y tomar en cuenta a una sociedad en la cual se encuentran sus hijos, su familia, sus amigos, su entorno social más cercano, su país. Ellos son quienes van a vivir los impactos del cambio climático. Es todo un proceso que debemos pensar como un círculo virtuoso para beneficio de todos y no solamente del individuo.

La gente suele plantearse objetivos de vida o metas vitales; pero en este momento, ¿cómo replantearse estos objetivos?

Yo creo que es un proceso de análisis, de discusión, de conversación entre los ciudadanos de una misma ciudad, de un mismo país. No puede ser que nos fijemos objetivos únicamente para mi bienestar como individuo y sin pensar en el futuro. Ya nos estamos gastando los recursos renovables de la siguiente generación. Si no pensamos en nuestros hijos, quiere decir que estamos totalmente desenfocados. Tenemos que pensar en las próximas generaciones, en nuestro clima, en nuestra comunidad. Si es que pensamos la economía, la sociedad, la naturaleza como parte de un mismo proceso de producción, entonces tenemos que ser racionales en el uso de los recursos.

Tenemos que replantearnos todos -empresarios, trabajadores, gobierno- cómo vamos a hacer más eficientes en un momento de crisis para que, cuando esta sea superada, todos seamos beneficiarios. En ese sentido, tenemos que plantearnos objetivos que sean coherentes con la sociedad, con la situación en la que vivimos y con nuestros futuros.

Si esta es una etapa para pensar en un renacimiento con miras a un desarrollo sostenible, ¿cuáles son los desafíos al momento de plantearnos esta perspectiva con mirada ambiental?

Debemos partir reconociendo que el origen de esta pandemia fue por el mal manejo de los recursos naturales por parte de los humanos. El virus es parte de la biodiversidad y aflora por el abuso y maltrato de las personas hacia los ecosistemas. El virus sale porque ya no tiene un ambiente que proteja al ser humano. Tenemos que replantearnos lo más pronto posible cómo vamos a contribuir a guardar la biodiversidad. Por ejemplo, en América Latina existe la necesidad de cuidar los recursos hídricos; es el continente que tiene más agua dulce y, sin embargo, seguimos contaminándola y tratándola como si fuera un recurso inacabable.

Tenemos, como sociedad, que empezar un aprendizaje en el cual descubramos qué significa la frase de que los espacios naturales nos dan vida. No es simplemente un capricho de los ecologistas el mantener y cuidar los ecosistemas. Hay que invertir en los ecosistemas que están dañados para que no vengan nuevos virus. Este no va a ser el último virus que asome si mantenemos las mismas normas de conducta y de explotación de los recursos naturales que hemos llevado en el último siglo.

¿Cuáles son los principales desafíos que deja la pandemia para América Latina y el Caribe?

Uno de los primeros propósitos de este renacimiento es redefinir la relación del ser humano con la naturaleza. Eso es lo más urgente. Otro tema es reconocer que este virus, esta pandemia, es el resultado de la explotación ambiental. En nuestras sociedades debe convertirse en una prioridad la recuperación de los ecosistemas que han sido dañados.

Tenemos que reconocer que no podemos avanzar como sociedad si no cuidamos a las sociedades más vulnerables, ya que ellos no han tenido acceso al agua, los alimentos, los servicios de salud y otros. ¡Cómo podemos educar a un país que tiene una población tan grande y que no tiene acceso a la Internet! Ahí estamos viendo nuevamente la inequidad de nuestras sociedades.

También debemos tomar conciencia del cambio climático, que nos plantea escenarios tan desafiantes como el de la pandemia. En los próximos años se vienen golpes muy duros para las poblaciones, para los países, a causa de los efectos del cambio climático. Son efectos sobre la economía y la salud de las personas si no tomamos ahora las acciones necesarias. Las empresas deben plantearse un nuevo contrato social sostenible.

¿Y las lecciones para los gobiernos?

Hemos visto que los gobiernos no están preparados para atender emergencias. En un futuro deben saber responder adecuadamente a este tipo de escenarios. Deben aprender a enfrentarlos de una manera más coherente para enfrentar las amenazas. Asimismo, se debe aprender también a responder regionalmente, ya que un país solo no se salva. Los Estados deben establecer objetivos comunes, revisando las instituciones regionales y los planes de trabajo que sirvan para sacar adelante a sus pueblos.

En América Latina, las instituciones regionales han demostrado que todas están incapacitadas para responder; que son los ciudadanos de América Latina quienes tenemos que revisar las instituciones y vigilarlas.

¿Qué debemos dejar atrás y qué lecciones debemos tomar para el futuro en este renacimiento, luego del confinamiento?

Tenemos que revisar que las metas financieras de corto plazo nos sirvan a todos. Además, fijarnos metas de mediano y largo plazo, en las cuales ganar signifique ganancia en lo ambiental, en lo social y en lo económico.El crecimiento de un país no se puede medir por barriles, sino por la calidad de vida de los ciudadanos.

enmocoa

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